05
May
2006
Cousteau: nuestra eterna gratitud
A veces el destino nos abre puertas donde parece que se han cerrado. Así tras un grave accidente de coche en 1935, le llevó a seguir un proceso de rehabilitación que le unió al mar practicando la natación. Durante ese periodo conocería a un pescador submarino que le descubrió el fondo del mar. Desde entonces todo comenzó a cambiar.
Obsesionado por el horizonte que se le había abierto bajo la superficie del agua, comenzó a pensar la manera de sumergirse de forma autónoma. Fue en 1936 cuando experimentó con un circuito cerrado de oxigeno puro que casi le cuesta la vida. Por aquél entonces no tuvo en cuenta los efectos tóxicos del oxigeno a profundidad (Efecto Paul Bert). Tras algún nuevo intento fallido lo desestimó.
Años más tarde, a través de su suegro que por aquel entonces dirigía la compañía francesa Air Liquide, conoció a uno de sus ingenieros, Emile Gagnan, que trabajaba en el desarrollo de una válvula para los automóviles, algo similar a la idea que tenía Cousteau.
De esta colaboración intensa, surgió el primer modelo de regulador a demanda. Es en 1943 en el río Sena, cuando obtienen los primeros resultados satisfactorios. Había nacido Aqualung, el pulmón acuático. Se abría una nueva era de libertad bajo el agua.
Aunque la fama de Cousteau, se debe principalmente a la otra gran labor de difusión y exploración del medio marino a través de sus producciones cinematográficas, creo que todos los buzos debemos estarle eternamente agradecidos por la creación del regulador a demanda. Gracias a él, es por lo que hoy en día millones de aficionados y profesionales disfrutamos del mundo submarino como ellos lo hicieron antes.
Nuestra eterna gratitud.
Raúl Gil
Divemaster
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